Homilía sobre los Santos Ángeles, por San Juan de Kronstadt, Rusia (+1908)

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SAINTS BOOK – ORTHODOXY

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Homilía sobre los Santos Ángeles,

por San Juan de Kronstadt, Rusia (+1908)

Fuente:

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Homilía sobre los Santos Ángeles, por San Juan de Kronstadt

CRISTO ES ORTODOXO

En ocasión de la festividad de San Miguel Arcángel y de los demás poderes celestiales (8 de Noviembre)

“A los vientos haces tus mensajeros, y ministros tuyos los relámpagos centellantes” (Salmos 103:4)

Estas son las palabras del rey y profeta David. Con estas palabras dijo que Dios creó las sabias mentes, los espíritus incorporales, siervos leales a Él, que arden con amor eterno por Dios, cumplen la voluntad de Dios y habitan en la Luz inaccesible del Trono de la Gloria. El Señor creó los ángeles como sabios, poderosos, eternamente santos, todo pureza y divina verdad. Considerad esto, queridos hermanos y hermanas, profundizad en esto con vuestras mentes. El Señor dividió a los ángeles en nueve órdenes o rangos: los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades, las autoridades, y otros; todos obedecen a cada uno: los rangos menores obedecen a los mayores. En la semejanza de las jerarquías celestiales, el Señor estableció tres rangos en la Iglesia Militante: los obispos, sacerdotes, y diáconos, que también obedecen a cada uno.

Dios creo una innumerable multitud de ángeles. Cuando veníais esta mañana a la liturgia, quizá alguno de vosotros miró al cielo y vio cuántas estrellas llenaban el cielo. Hay tantas estrellas que parece que el cielo esté lleno de semillas de amapola. Ningún mortal puede contarlas todas. Así como nadie puede contar las estrellas del cielo, así tampoco se puede contar el número de los santos ángeles. Una estrella brilla más, otra menos, pero cada una de ellas es más grande que nuestro mundo, más amplia que la tierra, y esto se conoce y ha sido probado.

La incontable multitud de ángeles que continúan en el cielo, en la presencia de Dios, cumplen su voluntad y eternamente lo glorifican. Algunos de ellos son designados por Dios a los humanos, y son nuestros ángeles guardianes que protegen a la gente durante sus vidas, desde el bautismo hasta la muerte, los libran del mal y los dirigen hacia la verdad y la bondad. Si una persona vive rectamente, sentirá esto en sí mismo. Pensad, queridos hermanos y hermanas, cuán cerca están los ángeles de nosotros.

Hoy celebramos la sinaxis del Arcángel Miguel y de los Poderes Incorpóreos. Probablemente sabéis o habéis oído sobre el milagro realizado por el Arcángel Miguel. Alguna gente impía decidió matar a San Arquipo y destruir la iglesia que construyó; condujeron un gran río hacia la iglesia, pero el Arcángel Miguel se le apareció a Arquipo, lo consoló, separó un acantilado rocoso, y dirigió el río hacia el abismo de rocas, para que el agua no inundara la iglesia, y así, la iglesia y San Arquipo fueron salvados.

Los ángeles no son propensos al pecado, no pueden tener incluso pensamientos pecaminosos, sus nociones y pensamientos son puros. Son impartidos con total perfección, son siempre sabios, siempre firmes, siempre buenos. Firmemente establecen su amor en Dios, en la santidad y la verdad y no caen en el pecado, solo algunos de ellos, un tercio del total, entristeció al Señor con su desobediencia y no pudieron seguir siendo ciudadanos del cielo; fueron expulsados por Dios. Y vosotros, hermanos, debéis emular a los ángeles siendo leales a Dios, y tras haber sido ciudadanos de la patria terrenal, os convertiréis en co-ciudadanos con ellos en la patria celestial. Emulad a los ángeles, especialmente porque habéis sido creados a imagen de Dios; este don es común a los ángeles y a los hombres. Honrad a los ángeles, mis queridos hermanos, imitad su santidad, su amor y su devoción a Dios, y seréis dignos de la vida bienaventurada en el cielo, junto con ellos. Amén.

Traducido por P.A.B

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La guardia del corazón – San Juan Casiano

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La guardia del corazón

San Juan Casiano

San Juan Casiano apareció ante todo como un testigo de la tradición monástica. Nacido hacia el 365, probablemente en Escitia, pasa en principio dos años, muy joven aún, en un monasterio de Belén, y aprovecha para instruirse en los usos monásticos de Palestina, Siria y Mesopotamia. Más tarde llega a Egipto, donde permanecerá unos veinte años, casi sin interrupción (hacia 380-400). Allí visita los principales monasterios, y se traslada a continuación al desierto de Escitia, donde se agrega a un pequeño grupo de monjes cultivados, principalmente influenciados por el pensamiento de Orígenes, y al que pertenecieron Evagrio Póntico y Paladio. La polémica origenista lo obliga a abandonar Egipto. Pasa entonces cinco años en Constantinopla, cerca de San Juan Crisóstomo, y así tiene ocasión de estudiar las observancia y uso de los monasterios de Asia Menor. En el 405, se dirige a Roma para llevar al papa Inocencio I, una carta pidiendo al clero de Constantinopla para que se ponga a favor del obispo proscrito. Hacia el 415 lo encontramos en Marsella, donde funda dos monasterios, San Víctor, para hombres, y San Salvador, para monjas. Su experiencia le procura un prestigio sin igual entre los monjes provenzales. Se puede situar su muerte antes del año 435 (1).

El combate invisible

La renuncia y la ascesis corporal, tan necesarias como son, y la vida dentro del marco del monasterio, a pesar de las ventajas espirituales que presenta, no bastarían para encaminar al monje hacia la pureza del corazón, si no estuvieran acompañadas de otra forma de actividad espiritual, secreta e Sigue leyendo “La guardia del corazón – San Juan Casiano”

Las leyes fundamentales de la vida espi­ritual del hombre y su descubrimiento en el An­tiguo Testamento

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Las leyes fundamentales de la vida espi­ritual del

hombre y su descubrimiento en el An­tiguo Testamento

“Amarás pues al Señor tu Dios con todo tu cora­zón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12: 30-31). Estas dos leyes fun­damentales de la vida del hombre “según el espíri­tu y la verdad,” expresadas bajo forma de consejos o de preceptos, aparecen ya en el Antiguo Testa­mento o se manifiestan en las figuras de los hom­bres que se esforzaban por conformar su vida a ellas. Pero, en el Antiguo Testamento, solamente los hijos del pueblo electo son en primer lugar considerados como “prójimo.” Tal limitación del ideal moral es inaceptable a los cristianos que conocen ya la universalidad del amor divino. Sin embargo, conviene no olvidar que el Antiguo Testa­mento solamente preparaba al Nuevo y que Israel no era sólo un pueblo entre otros numerosos, sino también una escuela de fidelidad a Dios, el pueblo de Dios, la Iglesia del Antiguo Testamento, es decir, la semilla de la Iglesia novotestamentaria universal.

Ciertas figuras de los justos del Antiguo Tes­tamento son tan hermosas que aparecen como la pre­figuración del Señor mismo. Así los inocentes que aceptan el sufrimiento: Abel, Isaac, Job, José y en fin Moisés, quien fue el guía y el doctor de su pueblo y que se dio completamente para servirle prefiguran la obra redentora de Cristo.

Encontramos también en el Antiguo Testamento ejemplos de infidelidad a Dios, malvados y accio­nes malas. Tal es el relato del crimen de Caín en el que el asesinato del hombre por el hombre está estigmatizado con un vigor sobrehumano.

Fuente:

https://ocamexico.org

https://ocamexico.org/vidaesp.html

DIÓCESIS DE MÉXICO – IGLESIA ORTODOXA EN AMÉRICA